Muchas veces
utilizamos de manera incorrecta a Judas y a Pedro como referencias negativas,
pero no analizamos que ellos fueron escogidos para cumplir con la promesa
divina.
Jesús eligió a estos doce hombres para un
propósito (Mateo 10:1-4, Marcos 3:13-19, Lucas 6:12-16). Cada uno de ellos
forma parte de la historia bíblica que conocemos hoy en día. Sí, Judas entregó
a Jesús (Mateo 26:14-75) y tuvo sus intenciones. Cuando escudriñamos las
Escrituras, vemos que este hombre participó en milagros (Mateo 10:1) y fue
parte de las enseñanzas de Jesús, y aun así, hizo lo que hizo.
Pedro negó a Jesús
(Mateo 26:69-75) en un momento oscuro y temeroso. Recordemos que fue el mismo
que le dijo a Jesús: "Si eres tú en el mar, mándame a ir hacia ti"
(Mateo 14:28-31), y casi se ahoga cuando quitó los ojos de Jesús.
Ahora conocemos cómo todo dio un giro en
sus vidas, cómo afectó a Judas la traición hacia Jesús, y cómo afectó a Pedro.
No fueron los únicos que abandonaron al Maestro; todos lo dejaron solo ese día.
La Biblia solo registra a Juan, el discípulo amado, junto a María, la madre de
Jesús, en la cruz (Juan 19:25-27).
Pero ¿cuál es tu
excusa? Judas vendió a Jesús y recibió una paga, mientras que tú lo haces
gratuitamente a diario. Pedro negó a Jesús y luego se humilló ante Él.
Cuando Jesús, después de resucitar (Juan
21:15-19), le preguntó a Pedro si lo amaba, este, después de tres veces, no
sabía qué responder y dijo: "Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te
amo". Mientras tanto, tú continúas negándolo, y como si nada, vienes todos
los domingos como si nada pasara. Nuestras acciones reflejan quiénes somos; en
fin, todos llevamos un Judas dentro. No se trata de cuidar del
"Judas", sino de ti mismo.
El enemigo buscó
cómo infiltrarse entre los doce discípulos; ahí vemos los comentarios, quejas,
y la competencia por quién es mejor que el otro. Son señales del ego humano, y
la maldad no está lejos.
Vemos que con Judas y Pedro, el enemigo fue
más directo. Judas, lamentablemente, cedió a su naturaleza (Romanos 8:7-9,
Gálatas 5:17-25). Judas refleja en muchos de nosotros las quejas, la ambición,
y el pensamiento de que "yo lo puedo hacer mejor", junto con la falta
de reconocer que estamos mal y la negativa a pedir perdón.
En todos nosotros,
¿habrá un Judas? Solo aquel que deja que el enemigo gane ventaja, lamentablemente, no adquirirá la corona de vida. Reconoce tus errores y humildemente pide perdón, como lo hizo Pedro al reconocer su falta.
Bendiciones,
Josué Betancourt

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